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Crónica de una hoja de cálculo anunciada

Crónica de una hoja de cálculo anunciada

Guilherme Leonel

Gabriel García Márquez escribió, hace más de cuarenta años, un libro llamado Crónica de una muerte anunciada. El argumento, resumido de forma injusta, es este: todos en el pueblo sabían que aquel hombre iba a morir. Sabían el día, sabían la hora, casi todos sabían el motivo. Y, aun así, nadie hizo nada para impedirlo. Pienso en ese libro cada vez que entro a un departamento jurídico y me encuentro con una hoja de cálculo de control de consultas paralizada desde hace tres meses, con la mitad de las filas en blanco y sin que nadie la vuelva a mirar. Porque la muerte de esa hoja de cálculo también estaba anunciada. Todo el equipo sabía que iba a morir. Sabía por qué, sabía más o menos cuándo, y aun así nadie hizo nada para evitarlo.

La escena se repite con una frecuencia casi cómica en empresas de todos los tamaños. Alguien, cansado de no tener ninguna visibilidad sobre el volumen de dudas que recibe el equipo, crea una pestaña en Excel o Google Sheets con columnas para solicitante, área, tema, fecha y estado. El diagnóstico es acertado: sin registro, no hay gestión. Pero luego llega la rutina. Alguien olvida llenar una fila porque estaba resolviendo un caso urgente, otro compañero asume que eso es responsabilidad de terceros, y en pocos meses la hoja de cálculo se convierte en un retrato incompleto y poco confiable de un trabajo que, en la práctica, nunca dejó de realizarse.

El diagnóstico

Esto no es falta de compromiso de nadie. Es un problema estructural, y el mercado ya ha comenzado a llamar a este fenómeno por su nombre. Un estudio reciente de Gartner muestra que los asuntos jurídicos derivados a despachos externos se mantienen dentro del presupuesto planificado en solo cerca de una quinta parte de los casos, y los analistas de la consultora describen esto como una ruptura estructural en la forma en que el trabajo jurídico se define, se monitorea y se gobierna a lo largo del tiempo.

Esta misma ruptura, que aparece de forma explícita en la relación con despachos externos porque hay una factura al final del mes para dejar al descubierto el problema, se repite de manera aún más silenciosa dentro de casa, en la consultoría interna. Allí no hay una factura para forzar a nadie a preguntar a dónde fueron a parar las horas del equipo.

La respuesta del mercado a este escenario ya está en marcha: la misma encuesta señala que el 64 % de los líderes jurídicos y de cumplimiento planean aumentar las inversiones en tecnología, impulsados por la necesidad de ver con claridad en qué se está gastando el tiempo del equipo. El problema nunca fue la voluntad de medir; fue la herramienta elegida para hacer esa medición.

Por qué la hoja de cálculo nace destinada al abandono

Como en la crónica de García Márquez, el desenlace ya estaba escrito desde el principio. La hoja de cálculo falla porque le exige al especialista jurídico exactamente el comportamiento que la rutina diaria hace más difícil de sostener: pausar la atención para documentar la atención. Cada fila completada es una decisión consciente de interrumpir el análisis de un contrato, o la respuesta a un compañero de RR. HH., para alimentar un registro que, en ese instante, no aporta ningún beneficio visible para quien está con las manos en el teclado.

No es falta de compromiso del equipo. Es un diseño de proceso equivocado. Pedirle a un especialista que documente manualmente su propio trabajo es como pedirle a alguien que escriba un diario de a bordo detallado en medio de una emergencia. En algún momento, la operación y el registro de la operación entran en conflicto, y el registro siempre pierde esa batalla.

Es este fenómeno al que AskLisa llama "trabajo invisible", y la hoja de cálculo abandonada es la prueba más concreta de que existe. El trabajo invisible no es la hora que el equipo pasa analizando un contrato complejo; ese es el trabajo que se ve, el que se convierte en caso de éxito, el que enriquece el currículum del área. El trabajo invisible es responder por décima vez en el mes la misma duda sobre una cláusula de rescisión, sin dejar ningún rastro después de responder y archivar el correo. Es la hora perdida buscando en el propio buzón de entrada una respuesta que ya se le dio a otro compañero hace seis meses, porque nada conecta la pregunta de hoy con la respuesta de ayer.

La automatización consultiva aborda este problema de una manera diferente a la hoja de cálculo. En lugar de depender de que alguien recuerde documentar después, Lisa registra la atención como una parte natural de la propia conversación. Cuando un colaborador pregunta sobre la política de vacaciones o el modelo estándar de NDA a través de un Agente de IA privado, el historial, el tema y la fuente consultada nacen organizados, sin que nadie tenga que interrumpir lo que está haciendo para alimentar ninguna hoja de cálculo. El dato deja de depender de la disciplina y pasa a ser una consecuencia inevitable del propio trabajo, y es esa inversión la que separa una solución que sobrevive de una que muere en tres meses.

El costo de resolver esto a la fuerza

En la historia de García Márquez, lo más perturbador no es la muerte en sí, sino la cantidad de gente que lo sabía y no actuó. Con la hoja de cálculo jurídica ocurre algo similar. Cada nuevo intento fallido refuerza, dentro del propio equipo, la creencia de que medir el trabajo consultivo simplemente no es viable. Y esa conclusión es peligrosa porque no es cierta.

El problema nunca fue medir el trabajo del área jurídica. El problema siempre fue intentar medirlo con la herramienta equivocada, pidiéndole a una persona que haga, de forma manual y repetitiva, lo que debería ocurrir de forma estructural y automática. Mientras no se haga esta distinción, el departamento seguirá siendo rehén del mismo guion: crea la hoja de cálculo, la usa con entusiasmo durante unos meses, la abandona por cansancio y vuelve a operar a ciegas hasta que la siguiente exigencia de datos por parte de la directiva reaviva el siguiente intento.

La pregunta que queda para quienes lideran esta área no es si vale la pena medir el trabajo consultivo. Es cuánto tiempo más está dispuesta la empresa a ver cómo se repite el mismo final anunciado.